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Murió el Indio Solari, el líder de Los Redondos que construyó un fenómeno único

El líder de Patricio Rey y los Redonditos de Ricota falleció esta mañana en su hogar. Padecía mal de Parkinson desde hace 10 años aproximadamente.

Por Redacción

Viernes, 05 de junio de 2026 a las 11:08

Carlos Alberto “El Indio” Solari, una de las figuras más influyentes y emblemáticas de la historia del rock argentino, murió este viernes a los 77 años. El histórico líder de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota falleció en su hogar mientras transitaba el mal de Parkinson, enfermedad que padecía desde hacía aproximadamente una década.

Según el parte policial al que accedió la Agencia Noticias Argentinas (NA), personal de la Unidad Fiscal 2 de Ituzaingó se presentó en el domicilio del artista para constatar el fallecimiento. Tras las actuaciones correspondientes, se informó que “nada indica o señala” una causa distinta a la enfermedad que atravesaba.

Con su partida se cierra uno de los capítulos más trascendentes de la música popular argentina. Dueño de una figura tan masiva como enigmática, Solari construyó una carrera marcada por la independencia artística, una estética propia y una relación única con el público.

El hombre detrás del fenómeno Redondo

El Indio alcanzó dimensión mítica como cantante, compositor y líder de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, banda nacida en la década del ‘70 que se transformó en un fenómeno cultural sin precedentes.

Con discos que marcaron generaciones como Gulp!, Oktubre, Lobo suelto, cordero atado y Luzbelito, Los Redondos consolidaron una identidad propia y se convirtieron en un símbolo de resistencia cultural y convocatoria popular.

Entre frases convertidas en himnos quedó una de las más recordadas: “El lujo es vulgaridad”, una línea que atravesó generaciones y sintetizó parte del espíritu crítico de su obra.

Tras la separación del grupo en 2001, Solari inició una etapa solista acompañado por Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado. En 2004 lanzó El Tesoro de los Inocentes, al que luego siguieron trabajos como Porco Rex y El perfume de la tempestad.

Su propuesta mantuvo intacta la capacidad de movilizar multitudes y consolidó un universo artístico donde convivían poesía, crítica social y una narrativa cargada de símbolos.

Las históricas misas ricoteras

Pocas experiencias musicales en Argentina alcanzaron el nivel de devoción generado por los recitales del Indio. Los shows comenzaron a ser conocidos como “misas ricoteras”, una expresión que describía el carácter ritual de cada encuentro.

Ya como solista, volvió a romper récords de convocatoria: en 2016 reunió cerca de 250 mil personas en Tandil y al año siguiente el recital de Olavarría convocó entre 300 mil y 400 mil asistentes, en lo que terminaría convirtiéndose en su último concierto en vivo.

Aquella noche quedó grabada en la memoria colectiva como el cierre definitivo de una era.

El reconocimiento académico y su último acercamiento al público

Entre sus apariciones más recientes, la Universidad de Buenos Aires le otorgó el doctorado Honoris Causa en reconocimiento a su aporte cultural.

Durante el acto realizado en el Aula Magna de la Facultad de Medicina, Solari envió un mensaje grabado para agradecer la distinción. En paralelo, Gaspar Benegas junto a un octeto de cuerdas interpretaron canciones de su repertorio ante una Plaza Houssay colmada.

En ese homenaje, el rector Ricardo Gelpi definió al músico como “un artista que hizo de la originalidad una ética” y destacó el vínculo excepcional que construyó con generaciones de seguidores.

Una vida lejos del centro de escena

En el plano personal, Solari mantuvo durante décadas una relación de perfil bajo con Virginia Castro, conocida como “La Negra Poly”, pieza fundamental en la construcción del universo redondo.

Se conocieron en 1981, se casaron años después y tuvieron un hijo, Bruno. Además de compañera de vida, Poly fue representante y una figura clave en la organización y desarrollo del proyecto artístico junto a Solari, Skay Beilinson y Rocambole.

Con la muerte del Indio Solari desaparece una figura irrepetible del rock argentino. Pero quedan las canciones, los rituales colectivos y una obra que convirtió a un músico en mito.