Esta más que claro que en caso de que existiese una competencia de hinchas los argentinos ganarían por goleada, porque nadie ama tanto a su selección como ellos, sin importar lo que pase.
En Doha no hay una sola persona que no haya escuchado a algún argentino cantar el tan entonado, incluso en noticieros de la Argentina, “Muchachos”, podría decirse que es como un nuevo himno de la hinchada argentina, seguramente algún que otro qatarí sepa la canción o aunque sea tararearla.
Después de un comienzo doloroso, vinieron las mil y un victorias de la mano del equipo liderado por el rosarino Lionel Messi, fue así que el seleccionado argentino llegó a la final, el miércoles se supo que el rival sería Francia, ganador del Mundial Rusia 2018.
El partido del Domingo que se disputará a las 18hs (horario Qatar), que sería a las 12hs en horario argentino, instaló en los argentinos presentes y aquellos que recién llegaban a suelo qatarí, la emoción por tener una entrada para ver a la albiceleste frente a un fuerte contrincante, al cual no le tenemos miedo.
La oferta de entradas es escasa, por eso no es sorprendente que las pocas que quedan se encuentren a altos precios, mientras que la demanda crece aún más. Por esto miles de hinchas argentinos hacen proezas con tal de conseguir el dinero para tener una entrada entre sus manos.
En un rincón del Souq Waqif, un tradicional mercado qatarí, vemos a Belén Godoy, quien vistiendo una remera de la selección argentina hace malabares con nada más que una pelota y sus pies. Con un cartel hecho a mano escrito en ingles y árabe pide “por favor entradas”. En una gorra, cada transeúnte que pasa por allí, le deja algo de dinero.
Godoy es una freestyler argentina de 24 años, que hace un mes está en Doha, logró ver cada partido de la selección a través de la reventa de entradas, dejó todo hasta sus ahorros pero lo vivido jamás lo va a olvidar.
Otro argentino que daría todo por el seleccionado es Cristian Machinelli, un chubutense que camina envuelto en una bandera argentina con las imágenes de Diego Maradona besando la Copa del Mundo y otra de Messi.
Machinelli, de 34 años., vendió su camioneta Toyota para estar en el mundial. “Es lo que vengo gastando acá y me quedó para comprar la entrada de la final. No hay explicación, no hay razonamiento. Más allá que los argentinos somos medios enfermos del fútbol, hacemos cualquier locura para llegar, para alentar”.
No se sabe a ciencia cierta la cantidad de hinchas argentinos que viajaron a Qatar. Aunque no todos provienen de su país natal, ya que varios están radicados en Estados Unidos y Europa.
“Cuando perdimos con Arabia Saudí (2-1 en el primer partido), la gente estuvo con nosotros. Sentimos el apoyo de todos y eso es inigualable. Todos tiramos para el mismo lado. Todos queremos el bien común, todos somos hinchas de la Celeste y Blanca”, destacó el técnico Lionel Scaloni en una entrevista.
Julián Santander es uno de los hinchas que asistió a ese primer partido en el estadio Lusail con la casaca clásica de Argentina.
“Mis amigos me tildaron de mufa. Fui a ver España y Costa Rica. Tengo la camiseta de España por mi familia española y ganaron 7-0. Un amigo me aconsejó que mantuviera el atuendo con Argentina”, contó el joven de 23 años, quien desde entonces alienta a Messi con la casaca de la Roja.
Su padre Osvaldo también cambió de uniforme para el partido siguiente ante México, clave para seguir en la competencia. Se vistió con una réplica de color negro de la casaca oficial de uno de los arqueros argentinos en el Mundial 2014.
“Yo estaba de luto. Sacrificamos un montón de cosas por nuestra pasión que en ese entonces nos estaba mandando a casa de nuevo. Las cosas se fueron dando vuelta de tal manera que hoy estamos a tres días de un momento que quién sabe”, apuntó el hombre de 57 años, en su búsqueda por las calles de Doha de una entrada para la soñada final.
“Los pasajes son muy caros, también las entradas. Los esfuerzos son muchos. Argentina está tan complicado a nivel político y económico y todo cuesta 10 veces más”, comentó Viviana Rodríguez, de 53 años, que junto a su hijo Lautaro Longhi participan de una multitudinaria protesta junto a otros hinchas en el centro de Doha para reclamar a la FIFA el acceso a boletos a precios justos al dispararse su valor en la reventa.
“Están pidiendo el equivalente a un auto cero kilómetros por una entrada. Es una fortuna”, se quejó Longhi, de 20 años, angustiado ante la posibilidad de perderse en vivo una consagración de Messi.